Depresión Infantil

Psicología Infantil

La depresión no sólo afecta a las personas adultas. Lamentablemente, es un problema que también se puede experimentar durante la niñez y la adolescencia.

La depresión infantil es un trastorno psicológico complejo que se caracteriza por presentar un estado de ánimo irritable y/o triste, desmotivación y disminución de las actividades cotidianas del niño.

Muchas situaciones pueden desembocar en la niñez en un estado de depresión. Dependiendo de la edad del niño podemos encontrar distintas causas. En niños pequeños de hasta 6 años, los acontecimientos vividos en el seno familiar relacionados directa o indirectamente con el apego son la causa predominante. Sin embargo, entre los 7 y 12 años de edad, empiezan a verse afectados por variables extrafamiliares como acontecimientos relacionados con el rendimiento escolar (fracaso escolar, malas notas…), la interacción con compañeros (aislamiento social, rechazo, cambio de colegio…) o la competencia en deportes y juegos.

Conforme varía la edad, también lo hacen los sistemas de respuesta y las repercusiones de la depresión. Es decir, durante la infancia la depresión afecta a nivel personal (malestar físico, sufrimiento psicológico), familiar (deterioro de las relaciones padre-hijo), escolar (descenso del rendimiento académico) y social (aislamiento); y predominan las alteraciones psicofisiológicas y motoras. Sin embargo, según pasan los años, adquiere más relevancia el sistema cognitivo y surgen dificultades en nuevos ámbitos, como el sexual o el legal.

En la adolescencia la depresión es hasta dos veces más frecuente en chicas que en chicos

Los principales síntomas de la depresión infantil son:

  • Expresiones o muestras de tristeza, soledad, desdicha, indefensión y/o pesimismo.
  • Cambios en el estado de ánimo: Malhumor, Irritabilidad (se enfada fácilmente), Hipersensibilidad (llora fácilmente), Negativismo (resulta difícil de complacer).
  • Sentimientos de inutilidad, incapacidad, fealdad, o culpabilidad.
  • Ideas de persecución.
  • Deseos de huir o de escapar de casa.
  • Deseos de muerte y/o tentaciones de suicidio.

Estos síntomas provocarán cambios respecto al nivel de actividad que previamente tenía el niño tanto en lo social, en el ámbito escolar u otras áreas de la vida del menor.

Acompañando a los anteriores, como síntomas secundarios de la depresión suelen darse los siguientes:

    • Conducta agresiva: Facilidad para riñas, discusiones o peleas excesivas, dificultades en las relaciones interpersonales, poco respeto a la autoridad…
    • Alteraciones del sueño: Problemas para conciliar el sueño, sueño inquieto, insomnio, difícil despertar por las mañanas.
    • Cambios en el rendimiento académico: Quejas frecuentes de los profesores, disminución del esfuerzo habitual en tareas escolares, pérdida del interés habitual por las actividades extraescolares.
    • Socialización disminuida: Menor participación en el grupo, retraimiento social, pérdida de intereses sociales habituales.
    • Cambio de actitud ante la escuela: Pérdida de placer en actividades escolares, negativa o rechazo a ir a la escuela.
    • Quejas somáticas: Dolor de cabeza, dolor abdominal, dolor muscular.
    • Pérdida de la energía habitual: Disminución de la energía, fatiga física y/o mental.
    • Cambio en el apetito y/o peso habitual.

El tratamiento que utilizo en mi consulta está dirigido a abordar los factores de riesgo y las conductas problemáticas como elementos claves asociados a dicho trastorno. Por ello, las técnicas que empleo frecuentemente para tratar este tipo de problema son:

      • Planificación de actividades placenteras como estrategia para mejorar el estado de ánimo.
      • Procedimientos de relajación como técnica para reducir los niveles excesivos de ansiedad que frecuentemente aparecen asociados a los problemas de depresión.
      • Psico-educación afectiva para ayudar a reconocer y reducir los niveles excesivos de las sensaciones de ira, hostilidad o rabia.
      • Entrenamiento en habilidades sociales, en habilidades de autorreforzamiento (para obtener reforzadores que no dependan del exterior) y en solución de problemas para afrontar las dificultades cotidianas.
      • Cambiar los pensamientos automáticos negativos y los esquemas cognitivos disfuncionales para conseguir una forma más adaptativa de procesar la información.

No obstante, al igual que cualquier otro problema infantil, el tratamiento de la depresión debe ser adaptado a las características individuales de cada niño, teniendo en cuenta tanto su funcionamiento cognitivo como su maduración afectiva.

Asimismo, el tratamiento para la depresión infantil requiere de la intervención y participación activa por parte de los padres. En este sentido, la intervención irá encaminada a enseñar a los padres métodos positivos para discernir y manejar la conducta de sus hijos, habilidades personales para el control de sus propias emociones de ira y hostilidad, procedimientos para aumentar la autoestima de los niños, habilidades para escuchar empáticamente a sus hijos, habilidades para planificar actividades recreativas en familia que estén pensadas para el niño y que se realicen con ellos, de manera que se incremente el nivel de actividad del niño y se refuercen las conductas no depresivas del niño.

    • La Organización Mundial de la Salud estima que un 3% de la población infantil sufre depresión.
    • La frecuencia de la depresión aumenta con la edad.
    • A medida que se alcanza la adolescencia, la prevalencia de los trastornos depresivos empieza a ser más alta entre las niñas siendo hasta dos veces más frecuente en chicas que en chicos, sin embargo, por debajo de los 12 años no existen prácticamente diferencias entre sexos.