Tu hijo tiene entre los 2 y 4 años de edad, y constantemente te pone a prueba cuando le impides algo en el supermercado o en el quiosco, a la hora de tener que iros del parque… Tirándose al suelo, berreando, gritando, pataleando, golpeando, montándote un verdadero show…en una palabra, la temida rabieta.

Ante esta situación es normal que te desesperes, pero hay que tener en cuenta que no lo hace para fastidiarte. Simplemente, es que tu hijo todavía no tiene tan desarrollado el lenguaje como para verbalizar lo que desea, no controla sus emociones, ni sabe manejar su enfado ni la frustración que siente en ese momento y, por tanto, la rabieta es su forma de expresarse y buscar cuál es su poder. Ha comprobado que con esa actitud te saca de tus casillas y está probando su eficacia ya que, él ve las rabietas como un medio para conseguir un fin, es decir, “llorando… ¿puedo conseguir lo que quiero?”. Y aunque nos resulte extraño, debemos entender que esta rebeldía, desobediencia, negativismo, rabieta… que manifiestan casi todos los peques son signos positivos y expresivos de una personalidad en formación.

No obstante, el que las rabietas desaparezcan no sólo va a depender de que tu hijo consiga aquello que quiere sino que, poco a poco, irán disminuyendo cuando empiece a comprobar él mismo que no tienen efectos sobre ti y, sobre todo, cuando aprenda a tolerar la frustración y expresar con palabras lo que hasta ahora solo puede manifestar con pataletas.

¿Qué puedes hacer cuando tu hijo tiene una rabieta?

1. Trata de ignorar su rabieta y no prestarle ninguna atención.

La rabieta es un claro comportamiento inadecuado que deseamos eliminar y nuestra atención siempre actúa de premio para el menor (incluso cuando se trata de regañarle). Por este motivo, si lo que deseas es que deje de comportarse así, no resulta útil enfadarte con él y reñirle, sino que lo más adecuado es ignorarle y no prestarle atención.

No obstante, es importante saber que no en todas las situaciones va a ser posible ignorarle de la misma forma. En casa obviamente resulta muy sencillo, simplemente basta con cambiarte de habitación y seguir con tus cosas. Al actuar así ante una rabieta, lo más probable que pase es que tu hijo te siga por toda la casa, ya que una rabieta sin público no tiene razón de ser. En la calle o en lugares abiertos quizás es más complicado poder ignorar la rabieta, aún así si estás en una zona sin peligro puedes alejarte unos metros, no mirarle directamente o hacer como que hablas por el móvil. Sin embargo, si te encuentras en un restaurante o lugar público cerrado, lo mejor es sacarle fuera del lugar hasta que se calme e incluso, en alguna ocasión y como excepción, te tocará ceder y que se salga con la suya ya que, lo que te primará en ese momento será no molestar o incomodar al resto de personas.

2. Mantente firme y enséñale que con la rabieta no conseguirá lo que quiere.

Puede que durante un tiempo tu hijo siga poniéndote a prueba teniendo rabietas e incluso que éstas sean más intensas y molestas, pero si te mantienes firme y las ignoras, tu hijo empezará a  darse cuenta de que la rabieta ya no le sirve para nada y acabará por dejarlas. Recuerda que tienes el control de la situación, y evita el error de adaptar lo que haces o dejas de hacer en función de si tu hijo va a llorar o no ante esa situación. Si quiere llorar, patalear o gritar, que lo haga, pero lo fundamental es que no le funcione. Además, en esas circunstancias, puedes aprovechar para actuar como modelo para él manteniendo la calma, sin gritar ni pegarle, ya que estos serían indicativos de que has perdido el control de la situación.

3. Intenta que te escuche cuando le hablas.

Cuando tu hijo está en plena rabieta es difícil explicarle por qué es inadecuado su berrinche. Lo único que puedes hacer para que tu hijo salga de ese estado de furia y te escuche, es arrodillarte frente a él, cogerlo por los hombros firmemente y mirarlo hasta que él te mire a los ojos. En ese momento, háblale con calma, dile frases cortas y directas que le sean fáciles de comprender, como por ejemplo, “no vas a la piscina porque acabas de comer”. El pequeño las entenderá sin problemas y si aún no está lo suficientemente alterado, puede incluso hasta disuadir su enfado.

4. No te enfades eternamente y olvídalo pronto.

Aunque tu hijo te haya hecho pasar un mal rato y estés enfadado/a con él, en el momento que consigue calmarse y dejar el berrinche atrás, debes dar por zanjado el problema sin comentar lo ocurrido. Los comentarios sólo servirán para que tu hijo se dé cuenta de hasta qué punto te afecta su comportamiento y por tanto verá que puede ser una herramienta eficaz para conseguir lo que desea. Además, probablemente, una vez se acaba la rabieta, tu hijo ni se acuerda del motivo por el que se inició su enfado.

5. Deja que se calme y enséñale que así no puede hablar.

A veces es incluso positivo que los niños pasen por una rabieta ya que es su forma de desahogarse y también tienen derecho a hacerlo. Así pues, cuando tu hijo esté inmerso en un ataque de furia puedes decirle “ya veo que estás enfadado, avísame cuando se te pase porque con gritos y llantos es imposible entenderte y saber qué es lo que quieres”, y acto seguido aléjate un poco de él. De esta forma, le trasmites que te preocupas por lo que le pasa, pero que no conseguirá nada poniéndose así y que sólo le atenderás cuando te hable en un tono normal.

No obstante, si las rabietas de tu hijo son tan intensas que llegan a suponer algún tipo de peligro, habiendo una alta probabilidad de que se lastime cuando está enfurecido (como por ejemplo si suele lanzarse violentamente hacia atrás), en estas circunstancias, lo más adecuado es sujetarlo mientras tenga la rabieta. Cógelo entre tus brazos y dile “sé que estás muy enfadado” y con tu ejemplo, manteniendo la calma, enséñale a controlarse. Mantenlo cogido todo el tiempo que sea necesario (normalmente entre uno y tres minutos es suficiente) hasta que sientas que empieza a relajarse y luego, suéltalo.

Es muy importante que siempre cuando tu hijo consiga calmarse, sea capaz de expresar su enfado con palabras y se muestre dispuesto a cooperar, elógialo por ello.

En definitiva, si el comportamiento de tu hijo es inofensivo durante la rabieta, ignóralo por completo. Aléjate e incluso salte de la habitación para que tu hijo no tenga público que le atienda. No trates de razonar con él y deja que recupere el control él solo. Simplemente dile: “Veo que estás muy enfadado. Te dejaré solo hasta que te calmes y si quieres hablar dímelo”. Después de la rabieta, no estés enfadado con él, toma una actitud amistosa y trata de normalizar la situación.

Y si con todo esto, las rabietas de tu hijo continúan ocurriendo varias veces al día y ya no sabes qué más hacer, o simplemente tienes otras preguntas o inquietudes relacionadas con el comportamiento inadecuado de tu hijo, no te preocupes. En mi consulta de psicología infantil, situada en el centro de Valencia, puedo ayudarte. ¡Llámame y pide cita!