En el artículo anterior, hablábamos acerca de qué debes hacer cuando tu hijo tiene una rabieta pero, evidentemente, una de la las mejores formas de abordar la rabieta infantil es evitar que ésta aparezca. En estos momentos, estarás pensando que es fácil decirlo pero complicado hacerlo, pero no es cierto. En el día a día, hay multitud de cosas que puedes hacer para prevenir que tu hijo tenga una rabieta.

 

Aquí os mostramos algunas claves que te ayudarán a prevenir las rabietas de tu hijo:

 

  • Anticípate a la posible rabieta.

Por ejemplo, si la rabieta suele aparecer a la hora de ir a comprar al supermercado, evita hacer comentarios del tipo “a ver si hoy no me montas el numerito en la tienda”, ya que con ellos lo único que consigues es animarle a que lo haga otra vez. También, es conveniente dejar todo claro antes de entrar: “vamos a ir a comprar leche, yogur, pan…, y nada más”. Además, estando en el supermercado, puedes hacer que el pequeño participe en la compra cogiendo los productos y metiéndolos en la cesta. De esa forma estará distraído, lo que evitará otras tentaciones.

  • Anticípale qué consecuencias tendrá si se porta bien y no tiene una rabieta.

Por ejemplo “si te portas bien y me ayudas a hacer la compra, al terminar te subo al tiovivo”. Pero ¡ojo!, esto no lo hagas siempre ya que así tu hijo aprenderá que solo tiene que portarse bien a cambio de premios y esto no es adecuado.

  • Conoce los límites de tu hijo, adáptate a sus necesidades y evita las situaciones extremas que generan la rabieta.

Por ejemplo, si el pequeño está cansado y tiene sueño, aunque tuvieras pensado ir a comprar al supermercado, no es el mejor momento para hacerlo con él. Por un día, intenta arreglarte con lo que tienes en casa y acuéstalo a dormir antes de lo habitual porque tu hijo necesita descansar.

  • Permite que tu hijo tome algunas decisiones (que puedas respetar), dándole a elegir solo entre dos opciones.

Resulta aconsejable que en cosas insignificantes tengas en cuenta la opinión de tu hijo ya que esto reforzará su persona, satisfará su necesidad de independencia y prevendrá sus rabietas. Sólo has de tener precaución de que tu hijo no se decida por una opción que no puede tener. Para evitar este problema lo único que debes hacer es acotar su elección a solo dos opciones. Por ejemplo, si le preguntas “¿qué quieres merendar hoy?”, se abre un gran abanico de opciones que no siempre te gustarán y podrás aceptar. Sin embargo, si le das a elegir únicamente entre dos opciones (ambas válidas para ti), por ejemplo, “¿qué quieres merendar, un vaso de leche o un yogurt?”, de esta forma, le cierras las opciones posibles de elección sin que el pequeño se dé cuenta, lo que ayudará a mantener la calma en dicha situación.

  • Fíjate en los signos de alarma de las rabietas de tu hijo y distráele con otra cosa.

Cada niño indica a su manera que está a punto de perder el control. Se pone rojo, aprieta los puños, lloriquea, se mueve inquieto en la silla… El conocer cuáles son sus signos de alarma te ayudará a prevenir sus rabietas ya que, a la mínima que los observes, puedes desviar su atención y distraerlo con otra cosa que sepas que le gusta como por ejemplo, proponerle que se ponga su disfraz favorito, jugar a un juego divertido que se te ocurra en ese momento (vamos a contar cuántos coches blancos están aparcados de camino a casa), cantar una canción, contarle una historia… Recuerda que este truco sólo funcionará si eres muy rápido/a y actúas al mínimo signo de alarma de forma coherente y segura, así que ¡déjate llevar por tu imaginación y desarrolla la improvisación!

  • Prémiale cuando haga las cosas bien y cuida la forma de reñirle cuando se porta mal.

Para que tu hijo no llegue a la conclusión de que solo le prestas atención cuando muestra un comportamiento inadecuado, reforzarle las cosas que hace bien. Probablemente, a lo largo del día tendrás un montón de cosas por las que felicitar a tu hijo (por acabarse toda la comida, por no pelear cuando juega con su hermano, por ayudarte a hacer alguna cosa en casa, por recoger los juguetes…) Pero, también sabemos que incluso los niños que mejor se portan, de vez en cuando tienen que ser regañados por mostrar un comportamiento inadecuado así que, si tienes que reñir a tu hijo, intenta reprochar la acción incorrecta en lugar de su persona. Por ejemplo, cuando tu hijo sale corriendo en el parque, puedes decirle “¡no me gusta que te vayas tan lejos!” en lugar de “¡eres muy desobediente!”. De esta forma, tu hijo no se sentirá tan mal consigo mismo y tendrá menos necesidad de tener ataques de furia.

  • Déjale que disfrute de su tiempo libre, proporciónale una vida ordenada y dedícale un rato de atención todos los días.

No debemos olvidar que tu hijo es un niño y, por tanto, necesita tiempo para jugar, para estar tranquilo a su aire e incluso para aburrirse.Por ello, no es conveniente que desde pequeños tengan un sinfín de actividades extraescolares que no les quitan tiempo para ser niños. Mediante el juego y unas rutinas adecuadas a su edad, puedes evitar que tu hijo acumule rabia en el día a día. El objetivo será convertir los momentos más difíciles del día como pueden ser: dejar de jugar para sentarse a comer, salir de la bañera cuando está jugando, acostarse a dormir por las noches…, en actos automáticos. Recuerda, el juego y sobre todo compartir todos los días un poco de tiempo (en exclusiva) para jugar a lo que tu hijo quiera, dejando que durante ese ratito sea él el protagonista, es el mejor remedio anti-rabietas.

Aunque todas ellas son estrategias fáciles de aplicar, al principio pueden costar ponerlas en práctica. ¡No te angusties! En nuestro centro de psicología infantil situado en el centro de Valencia, te ayudamos a sentirte más cómodo/a y seguro/a ante estas situaciones conflictivas. Si este es tu problema, no dudes en contactar con nosotros. ¡Llámanos! Te ayudamos.